¡No disparen, no traemos armas!…

*En el 2019 se cumplen 11 años de la matanza de cuatro jóvenes y dos soldados registrada en Santiago Los Caballeros, Badiraguato. La masacre evidencio un ataque injustificado contra la población civil por parte de militares y también evidencio lo que sería el actuar del Ejército en la “guerra contra el narcotráfico” en Sinaloa y en general en México. Una “guerra” que se extendió en los últimos dos sexenios con un saldo atroz de más de 268 mil muertos, 35 mil desaparecidos y miles de desplazados. La actuación de militares y marinos siempre ha sido cuestionada por los supuestos abusos y violaciones a los derechos humanos en que han incurrido, y por la impunidad con que permanecen la mayoría de esos casos. Esta es la crónica y la memoria gráfica de esa masacre que no debe olvidarse.

Por: Juan Carlos Cruz

CULIACÁN, Sinaloa, México.- Entre el polvo, las balas, el olor a pólvora quemada y manchado con la sangre de sus amigos, Miguel Ángel desesperado empezó a manotear el cristal de la ventana para poder salir de la Hummer donde ya olía a muerte. Sentía como algunas de las balas disparadas por los militares zumbaban por su cabeza; otras golpeaban la carrocería y traspasaban los cristales de la camioneta; y otras más se incrustaban en los cuerpos de cuatro de sus amigos.

Como pudo, Miguel Ángel logró abrir la ventana y salió de la camioneta. Enseguida alzó las manos y empezó a gritar a los soldados que le apuntaban con sus Fal desde el camión militar: “¡No disparen! ¡No traemos armas! ¡No disparen!”. Pero los soldados seguían disparando, contó Miguel Ángel a este reportero, días después de la masacre, y cuyo testimonio también quedó asentado en la investigación realizada por la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Cuando los disparos cesaron, un soldado encañonó a Miguel Ángel y lo jaló hacia la orilla. Lo tumbó boca abajo junto con Wilfrido, quien logró salir por la otra ventana con un rozón de bala en la cabeza y otro en el brazo. Los jóvenes fueron pateados por los militares para que no levantaran la cabeza y siguieran viendo a sus amigos masacrados.

Eran las 21:00 horas de ese 26 de marzo del 2008, y momentos antes el grupo de jóvenes se dirigía a una fiesta hacia el poblado de Guanajuato, ubicado a 15 kilómetros de Santiago Los Caballeros, al poniente del municipio de Badiraguato. Ellos viajaban en una camioneta Hummer, blanca.

A 10 años de la masacre, el caso sigue sin resolverse, aun cuando la CNDH comprobó que el ataque de militares fue injustificado, según la recomendación 36/08 emitida a la SEDENA, la cual basó también su investigación en el expediente procesal 82/2008, integrado por el Juzgado Militar adscrito a la III Región Militar, con sede en Mazatlán.

En el ataque, calificado por la SEDENA como “incidente”, murieron Édgar Geovany Araujo Alarcón, Héctor Zenón Medina López, Manuel Medina Araujo e Irineo Medina Díaz. Y sobrevivieron Wilfrido Madrid Medina, quien sufrió dos heridas de bala; y Miguel Ángel Medina, quien fue golpeado por los militares. En el hecho también murieron el soldado de infantería Damián López Altamirano y el cabo Emmanuel Malohua Domínguez; y resultaron heridos el cabo de sanidad Paulino López García y el soldado Julio López López.

“¡No disparen!”…

Segundos antes del ataque de esa noche, Miguel Ángel contó que alcanzó a escuchar cuando Zenón dijo: “Hey compas, viene un carro con las luces muy altas. Parecen ´guachos´ (soldados)”. El joven viajaba detrás de Zenón. Volteó hacia su lado izquierdo y vio como poco a poco un camión militar empezó a acercarse para rebasarlos. Ambos vehículos subían la cuesta que se encuentra a la entrada de Santiago Los Caballeros.

Del otro lado, en el camión Mercedes Benz 8030272, viajaban militares asignados al combate al narcotráfico en aquella zona de Badiraguato, considerada cuna de grandes capos de la droga.

Desde el camión, el teniente Víctor Ruiz Martínez alcanzó a ver entre el polvo a la Hummer que se desplazaba delante y empuñó su fusil MP-5. El teniente viajaba en la cabina del camión, junto con el cabo José Raymundo Hernández González, quien conducía el vehículo donde iban otros 13 militares. Mientras que en la Hummer viajaba Édgar Geovany, Manuel, Irineo, Wilfrido, Miguel Ángel, y Héctor Zenón, quien conducía el vehículo.

Al quedar junto a la Hummer y sin motivo aparente, el teniente sacó su MP-5 por la ventanilla del lado derecho y efectuó un disparó contra la camioneta, contó el cabo José Raymundo, y cuyo testimonio quedó asentado en el expediente procesal 82/2008 integrado por el Juzgado Militar.

En ese momento sobrevino una andanada de disparos efectuada por los soldados que viajaban en la parte trasera del camión contra la Hummer, declaró el mismo cabo. Con esa declaración coincidieron los soldados Jorge Jiménez Castañeda y Misael Solano Muñoz, el cabo Antonio Rojas Reyes; y el mismo teniente Víctor Ruiz, según se desprende de la recomendación 36/08 que realizó a la SEDENA la CNDH.

“Después de oír un disparo de arma de fuego, (los soldados) accionaron sus armas de cargo en contra del vehículo Hummer H2; algunos militares, cuando dicho vehículo se encontraba a un costado del Mercedes militar y otros cuando ya estaba en la parte posterior de éste”.

Del lado de la Hummer, Miguel Ángel Medina alcanzó a ver los destellos de las armas cuando los militares empezaron a disparar. Miguel Ángel alcanzó a ver cómo las balas derrumbaron a Zenón, quien soltó el volante y el vehículo se fue hacia atrás sin control. La sangre bañó a Miguel Ángel. Después vio derrumbarse a Édgar Geovany, que iba de copiloto, y cuya sangre también lo salpicó.

“Alcancé a escuchar que los soldados gritaban que detuviéramos la camioneta, pero ¿cómo se iba a frenar si le habían dado balazos a Zenón?, y la Hummer se fue hacia atrás hasta que se detuvo con el cerro”.

“No supimos ni por qué nos dispararon. Nada más escuchaba los rafagazos. Después vi que le dieron a Manuel y después a ´Nayo´. Ellos iban sentados junto a mí”, contó Miguel Ángel, quien logró salir de la lujosa camioneta.

“Yo levanté las manos y les grité que no traíamos armas, pero los militares seguían disparando”.

“Ya la cagamos”…

Cuatro horas antes de la matanza de ese 26 de marzo del 2008, los jóvenes habían salido hacia el poblado de La Juanilla a una comida, ya que en ese lugar algunos pobladores mataron una vaca y había un festín. A ese poblado también acudió Edén Medina López, hermano de Zenón, quien iba en una camioneta Ford Lobo en compañía de otras cuatro personas.

Edén contó que después de la comida se enteraron que en el poblado de Guanajuato había una fiesta, y se dirigieron hacia allá.

“Nosotros veníamos en la camioneta Lobo más adelante, agarramos camino a dejar unos compañeros del Potrero de Los Medina a Guanajuato donde había unos 15 años”.

Contó que las camionetas circulaban por el camino principal y pasaron por la entrada a Santiago Los Caballeros.

“Cuando pasamos en la Lobo no vimos ningún retén, pero como 300 metros más adelante escuchamos disparos y ya no vimos la Hummer. Venía espejeando pero ya no vi la camioneta que conducía mi hermano y me paré para ver si me alcanzaban, pero pasó el tiempo y no”. “Cuando yo me regresé me encontré al convoy de guachos que venían hacia mí y me dijeron que no nos arrimáramos. Yo les pregunté que de qué se trataba, que qué había pasado; ‘no pasa nada’, me dijo un soldado”.

La camioneta Hummer donde viajaban los jóvenes que fueron masacrados en Santiago, Los Caballeros, Badiraguato.

Edén insistió en pasar porque temía que le hubiera pasado algo a su hermano Zenón, quien manejaba la camioneta Hummer, pero dijo que los soldados le apuntaron con los fusiles y le ordenaron que no pasara.

Otro vecino contó que después del ataque, militares prohibieron a familiares acercarse a la camioneta y sólo permitían el paso de vehículos que circulaban hacia Badiraguato.

“Yo cuando pasé me detuvo un militar y me dijo que apagara las luces de la camioneta y que encendiera sólo los cuartitos. Cuando pasé junto a la Hummer vi que tenían a un lado a dos personas tumbadas boca abajo y que les ordenaban que no levantaran la cara. También escuche que un militar le decía a otro: ‘Ya la cagamos. Cuánto (años de prisión) crees que nos den por esto’.

“Querían rematarlos…”

“Escuchamos que después de la balacera los soldados gritaban ‘ahorita se van a morir todos hijos de su puta madre’, pero la gente empezó a salir de sus casas y los que iban en carros y cuatrimotos se bajaron a ver”, contó una de las vecinas que vive cerca de donde ocurrió la matanza.

Miguel Ángel Medina dijo que cuando estaba tumbado en el suelo y cuando los militares le apuntaban con los fusiles escuchó que decían: “Valió verga, está llegando gente”, y que después empezaron a echarse la culpa unos a otros del por qué habían disparado, diciendo: “La regaron. Por qué dispararon”.

Jaime y Celsito, dos jóvenes del Potrero de Los Medina que pasaron por el lugar momentos después de la masacre, fueron bajados por soldados de la cuatrimoto en que viajaban y tumbados sobre el camino boca abajo para que no alcanzaran a ver lo que militares habían hecho.

“A ellos los bajaron de la cuatrimoto y cuando intentaron alzar la cabeza para ver, un soldado les disparó cerca de sus cabezas para que no se levantaran al momento que les decían: ‘no se levanten hijos de la chingada”. Contaron que los soldados cerraron el camino para que ningún poblador viera lo que habían hecho y amenazaban con sus armas a todo aquel que se acercaba.

“Nos decían ‘aquí no pasa nadie. Apaguen las luces de los vehículos y vimos como movían la tierra, como tratando de tapar la sangre”, cuenta María, quien dice que en ese momento pasaba con su familia en una cuatrimoto.

Los soldados movieron la camioneta y los cadáveres; también prohibieron el paso al Ministerio Público del Fuero Común, así como a la Policía Ministerial y Municipal.

“Fuego amigo”…

Desde el día de la matanza, familiares de las víctimas y vecinos aseguraron que los jóvenes no portaban armas y que jamás agredieron a los soldados. Aun así, los militares arrestaron a Wilfrido Madrid, a quien pusieron a disposición de la Procuraduría General de la República, y la cual tuvo que liberar un día después por falta de pruebas.

Además, en un escueto comunicado, la Secretaría de la Defensa Nacional informó que “en las inmediaciones de Santiago Los Caballeros, municipio de Badiraguato, se suscitó un incidente en el cual perdieron la vida dos militares y cuatro civiles, y lesionados dos militares y un civil”. Señaló además que un civil fue detenido, el cual fue puesto a disposición del Agente del Ministerio Público de la Federación.

A nivel nacional y a través del noticiero de Televisa, conducido por Joaquín López Dóriga, la SEDENA informó que un grupo de narcotraficantes había atacado a militares en Badiraguato, y que el enfrentamiento había dejado un saldo de cuatro civiles y dos soldados muertos.

Sin embargo la realidad se impuso y salió a la luz que la matanza de los cuatro jóvenes en Santiago Los Caballeros fue un ataque injustificado.

En los testimonios rendidos ante el Ministerio Público Militar, los soldados admitieron que los jóvenes jamás dispararon y que los dos militares que murieron fueron víctimas de las propias balas de sus compañeros.

“Yo escuche que alguien del personal a mi cargo gritó ‘ya no disparen, nos estamos dando entre nosotros mismos”, declaró el teniente Víctor Ruíz. Mientras que el militar Jorge Jiménez Castañeda admitió en su declaración que: “por el movimiento (del camión militar), sin tener la certeza, herí a algunos de mis compañeros”.

De todo eso, la CNDH estableció en su recomendación que ninguno de los militares refirió haber visto que los tripulantes del Hummer H2 hayan realizado agresión en su contra con armas de fuego. Estableció que fue un ataque injustificado y recomendó realizar un proceso justo para castigar a los probables culpables de la matanza e indemnizar a familiares de las víctimas y sobrevivientes.

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Caso sigue igual: SEDENA

A 10 años del “incidente” en Santiago Los Caballeros, la Secretaría de la Defensa Nacional informó que el caso sigue en proceso y no se ha emitido sentencia alguna contra los militares procesados por ese hecho.

Así mismo, la SEDENA niega versión del hecho: “Esta Secretaría no tiene versión oficial de los hechos y estos están contenidos en el proceso penal 82/2008 del índice del Juzgado Militar adscrito a la III Región Militar… que tiene autonomía y que con base en la LFTAIPG se considera información reservada los expedientes judiciales en tanto no hayan causado estado (resolución)”.

En respuesta a una solicitud con base en la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, la SEDENA asegura que cinco elementos continúan detenidos y son juzgados por delitos de violencia contra las personas causando homicidio, y violencia contra las personas causando lesiones.

Los militares detenidos son el teniente Víctor Ruiz Martínez, el cabo Antonio Rojas Reyes; y los soldados Jorge Jiménez Castañeda, Misael Solano Muñoz, y José Francisco Balam May.

“Se hace de su conocimiento que la situación jurídica de los militares involucrados en el caso es la de ‘internos y sujetos a proceso’ sin que el Juez haya emitido la sentencia correspondiente”.

En su respuesta, la Sedena asegura que los familiares de los jóvenes asesinados y el que resultó herido recibieron indemnizaciones como pago del daño moral y material que sufrieron.

La matanza de Badiraguato no es el único caso en que militares han sido acusados de agredir a civiles durante la lucha contra el narcotráfico que emprendió el Gobierno Federal en ese entonces encabezado por el panista Felipe Calderón, y que se extendió con el priista Enrique Peña Nieto.

El 1 de junio del 2007, otro grupo de militares masacró a una familia en La Joya de Los Martínez, en donde tres niños y dos mujeres murieron. El 13 de febrero del 2011 se sumó el caso de la estudiante Leslie Abigail, quien fue herida de un balazo en un supuesto enfrentamiento entre militares y sicarios en la colonia Antonio Nakayama.

Sin embargo, el caso de la matanza de Badiraguato, llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, luego de que familiares de las víctimas interpusieron un amparo para que los militares fueran juzgados en tribunales civiles. Pero el 10 de agosto de 2009, y aún con la presión de organismos internacionales defensores de derechos humanos, la SCJN rechazó analizar el caso y actualmente los militares se siguen juzgando a sí mismos en supuestos casos de agresión a la población civil.

Fotos: CONTRALUZ/Juan Carlos Cruz

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