MIGRANTES: DE LA CIUDAD MÁS VIOLENTA, A CULIACÁN

Una familia de hondureños huye de la pobreza y la violencia de su país con la esperanza de alcanzar la frontera norte de México en busca del todavía llamado “sueño americano”

COLATEALSINALOA/ JUAN CARLOS CRUZ

Desde hace un mes, y en compañía de sus tres pequeños hijos, don Toño y doña Laura han viajado por la ruta del “infierno” sobre el lomo de la “bestia”, para tratar de llegar a la frontera norte de México con la esperanza de pedir asilo político al gobierno de los Estados Unidos.
Esta familia de migrantes huye, como miles, de la pobreza, el hambre y la violencia, engendradas, dicen ellos, por políticos corruptos que gobiernan los países de Centroamérica.
“En Honduras nos gobierna el ladrón de Orlando que ya lo acusaron de narco y que no ha hecho nada por nosotros. No hay trabajo, los sueldos están muy bajos y ya no hay tierras para cultivar”, dice doña Laura.
Cuentan que salieron de Honduras, de la ciudad de San Pedro Sula, considerada la más violenta del mundo, y que tanto la Navidad como el Año Nuevo la pasaron en territorio mexicano, en su larga travesía hacia el todavía llamado “Sueño Americano” que para muchos se convierte en pesadilla.

“La Navidad la pasamos con una familia que nos dejó quedarnos en su casa, allí cerca de las vías del tren, en Nayarit. Y el año Nuevo la pasamos en Mazatlán”, dice doña Laura.

Con escasas pertenencias a cuestas, la familia de hondureños se estacionó ayer temporalmente en Culiacán y se apostó sobre uno de los bulevares del norte de la ciudad, para pedir ayuda a los culiacanenses pues dicen que tienen fama de ser muy bondadosos con los migrantes que van de paso hacia la frontera.
Doña Laura cuenta que ella trabajaba en una maquiladora, pero que el sueldo era muy bajo que se le iba en comidas y transporte. Acusa que la mayoría de las maquiladoras son controladas por chinos y que son muy explotadores.
“Imagínese que ganaba como mil pesos a la semana y tenía que trabajar de las 8 de la mañana a las 8 de la noche”.
También cuenta que en San Pedro Sula la situación de violencia es muy grave por el pandillerismo y el narcotráfico.

“La gente que más o menos gana bien los pandilleros le cobran impuestos, los extorsionan, muchos comerciantes están cerrando sus negocios. En el barrio en que vivimos nada más dan las 6 de la tarde y ya no salimos de las casas, nos encerramos. Hay toque de queda”.

Provenientes de la ciudad que se considera de las más violentas del mundo, don Toño ignora que se encuentra también en una de las ciudades más violentas de México por la actuación impune con que opera el narcotráfico: Apenas unas horas antes, gatilleros “remataron” otras de las pocas cámaras de videovigilancia del Gobierno de Sinaloa, sobre ese bulevar en el que pide ayuda para su familia.
Don Toño, y su hijo mayor, se coloca en medio del bulevar y despliega una gran bandera de Honduras al momento que pide ayuda a los automovilistas. Y, con todo y que Culiacán está secuestrado por el narco, la solidaridad culichi se asoma y brinda a la familia de hondureños unas monedas, agua, alimento y hasta unos dulces para los niños, para que continúe ese viaje de riesgos, pero también de esperanzas.
MIGRANTES
Miles de centroamericanos viajan en el lomo del tren carguero con la esperanza de llegar hacia los Estados Unidos en busca de una vida mejor.

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