“Le doy 50 millones de dólares”, ofreció El Chapo Guzmán al federal que lo detuvo.

COLATERAL SINALOA/Redacción

Sinaloa, México.- “Le doy 50 millones de dólares para que no vuelva a trabajar nunca en su vida”, ofreció desesperado Joaquín El Chapo Guzmán, líder del Cártel de Sinaloa, al agente de la Policía Federal que momentos antes lo había interceptado cuando intentaba huir de la ciudad de Los Mochis, en un auto robado.

El agente federal, identificado como “El Tiburón”, le contestó a El Chapo: “Ahorita, espérese. Ahorita vemos qué hacemos”.

El Chapo Guzmán insistió: “Comandante, no se vale. Tanto huir y tanto dinero para que usted venga y me entregue. No se vale”.

Pero el agente tenía muy claro lo que tenía que hacer y le dijo al entonces líder del que era considerado el cártel del narcotráfico más poderoso del mundo: “También entiéndame, estoy haciendo mi trabajo. Nadie me dijo que ahí venía usted. Yo soy policía y estoy haciendo mi trabajo. No vaya a creer que alguien me avisó”.

No ya sé. Ese fue un atorón bien, contestó El Chapo

Ahí está. Nomás entiéndame que es mi trabajo, dijo “El Tiburón”.

Está bien comandante, dijo el capo y se quedó callado. Luego se agachó y no volvió a hablar ni a ofrecer dinero al agente federal.

Eran aproximadamente las 7 de la mañana de ese 8 de enero del 2016. El lugar: la habitación número 51 del hotel Doux, ubicado a la salida norte de la ciudad de Los Mochis, Sinaloa.

Horas antes, alrededor de las 04:30 horas, los vecinos de la colonia Las Palmas e Izcalli de la ciudad de Los Mochis, fueron despertados por el potente tableteo de los fusiles y el estallido de las granadas; luego el sobrevuelo de los helicópteros Black Hawk a baja altura, el rechinar de llantas y el correr de agentes por el bulevar Jiquilpan y calles aledañas.

A esa hora, elementos de la Marina Armada de México, en coordinación con agentes de la DEA, iniciaban uno de los operativos más espectaculares que se han registrado en Sinaloa y que en un principio tenía por objetivo capturar a Orso Iván Gastélum, alias El Cholo, jefe de seguridad de El Chapo Guzmán.

Pero como en muchas otras ocasiones, El Cholo y El Chapo lograron huir a ese cerco por un túnel conectado al drenaje pluvial: luego salieron por una alcantarilla, despojaron un vehículo y huyeron hacia la salida norte. Atrás, en la casa de seguridad, quedaron abatidos cinco de los escoltas del líder del Cártel de Sinaloa que defendieron la huida de su jefe.

Hasta entonces Joaquín Guzmán se había sido detenido en dos ocasiones y también se había fugado dos veces: la primera del penal de Puente Grande en Jalisco, el 19 de enero del 2001, cuando apenas iniciaba el sexenio del panista Vicente Fox; y la segunda el 11 de julio del 2015, del penal de máxima seguridad de El Altiplano, a través de un túnel de un kilómetro de largo.

Sin embargo, la buena suerte que había seguido hasta entonces a Guzmán Loera luego de esas dos fuga y de una media docena de frustrados operativos realizados por marinos y agentes de la DEA para recapturarlo en diferentes puntos de Sinaloa,  se terminó cuando El Chapo y su jefe de escoltas se toparon con “El Tiburón”.

El testimonio de lo que ocurrió ese 8 de enero del 2016 fue dado a conocer hace dos meses por la propia Policía Federal en una serie de relatos de agentes que consideran actuaron con honestidad y valor al desempeñar sus funciones como policías.

En ese relato, el agente, identificado como “El Tiburón”, cuenta su origen y desempeño como policía federal de caminos y el día en que “capturó a uno de los criminales más buscados del planeta”.

“Hay quien me pregunta por qué no acepté el dinero que me daba. Para mí fue sencillo: aún con todo su dinero, lo vi sucio, mojado, venía del drenaje, maloliente. Y yo nunca me quería ver así. Cincuenta millones de dólares que en mi vida me voy a gastar, pero así me voy a ver, huyendo”, dice que pensó el agente.

Dice que en su carrera como policía, durante veinte años de trabajo, siempre ha tenido que tomar decisiones rápidas y que afortunadamente siempre han sido las correctas.

“Para ser un policía que pase pruebas de 50 millones de dólares o de 500 mil pesos, hay que querer ser policía, sentir todos los días a la Policía, salir orgulloso y con ganas. Eso se logra con educación, desde la casa, desde la Academia”.

“Como policía, hice lo que debía de hacer. Es El Chapo: detenlo, espósalo y llévatelo. No había otra opción”.

Hoy, a tres años de ese día que marcó el ocaso para el capo más poderoso de México, a quien actualmente se le sigue #eljuiciodelsiglo en un proceso por tráfico de drogas en Estados Unidos luego de ser extraditado, compartimos el testimonio del agente federal que capturó a El Chapo Guzmán.

 

“Sé lo que quieras ser, pero trata de ser el mejor”

“Cuando le dije a mi papá que quería ser policía federal de caminos, él solo se me quedó viendo y me dijo: ‘sé lo que quieras ser, pero trata de ser el mejor’. Mi mamá, un poco más aprehensiva, se espantó, pero poco a poco fue entendiendo y cuando me dieron la lista de prendas que debía llevar a la Academia, ella misma me compró todo”, cuenta “El Tiburón”.

Dice que en la Academia de San Luis Potosí no solo conoció a compañeros de profesión, sino también amigos que hasta la fecha frecuenta y que han llegado a ser parte de su familia.

Cuenta que los retos que se les fueron presentando, primero como cadetes y luego como policías federales ya graduados, fueron creando fuertes lazo entre ellos.

El día de la captura…

“El día de la detención de Joaquín Guzmán “El Chapo”, yo estaba en el tercer turno en Los Mochis, Sinaloa. Debía cubrir el horario de las once de la noche a las siete de la mañana. En el día, por la carretera Los Mochis-Navojoa, circulan muchos vehículos, incluyendo agricultores y gente que se dedica a la pesca, mientras que en la noche hay muy poca circulación”.

El agente explica que su turno implicaba realizar sus recorridos y hacer folios de infracción si era el caso, y en general, estar al pendiente de prevenir y atender cualquier delito que se pudiera registrar.

“Ese día se sentía algo raro. A las tres o cuatro de la mañana, comenzamos a escuchar helicópteros cerca, lo que me pareció extraño debido a que Los Mochis es una ciudad pequeña. Me imaginé que podría tratarse de un operativo de SEDENA o Marina, pero no más”.

Dice que esa madrugada estaban tres patrullas en el servicio y que él conducía la patrulla acompañado de otro compañero, y en otras unidades estaban también el responsable de turno o RT y otros compañeros más en la carretera que va hacia el norte, en los límites con Sonora.

“A mí me tocó cubrir de Los Mochis hacia el sur, rumbo a Guasave. Era una madrugada más sola que de costumbre. En algún momento, nos reunimos con el RT en uno de los tramos”.

— Está medio raro ¿ya escuchaste a los helicópteros?, dijo “El Tiburón

— Yo también escuché. ¿Qué será?

— No pues quien sabe. Ahí nos vemos al rato.

Y dice que el RT siguió con su recorrido.

“Fue amaneciendo y comenzamos a escuchar disparos, por lo que nos acercamos a Los Mochis para reunirnos en un puente que está antes de entrar a la ciudad. En algún momento pensamos que los disparos podían ser a causa de un enfrentamiento entre delincuentes, pero el radio operador nos informó que había un operativo de Marina y que había que estar pendientes”.

Luego dice que el titular de la estación les ordenó que todas las unidades estuvieran atentas y que esperaran en la carretera a que llegara el primer turno. Para entonces, eran alrededor de las seis de la mañana.

“Me tocó quedarme debajo del puente donde nos habíamos reunido, desde donde se veía la afluencia de vehículos que venían de la ciudad para salir a la carretera. Al poco tiempo cesaron los disparos y el ruido del helicóptero”.

“Ah canijo, es El Chapo”…

El agente federal en su testimonio cuenta que instantes después recibieron vía radio el reporte del robo de un vehículo a mano armada.

“Estaba debajo de la patrulla junto con mi compañero, cuando a los diez minutos vi que venía el carro focus rojo reportado. ‘¿Tan pronto?’ pensé, “no creo que tan rápido llegue aquí si se lo robaron en el centro”.

Dice que solo alcanzó a ver los últimos números de la placa y luego corroboró con su compañero los datos del reporte.

“Todavía vi cómo el vehículo se paraba con toda naturalidad ante una señal vial de “alto”, para segundos después dar la vuelta a la izquierda e ingresar a la carretera con dirección al sur. Con la duda sobre si se trataba del vehículo robado, inicié el camino para verificarlo.

Más adelante se encontraba mi RT, a quien le hablé por radio: “Jefe, pasó un carro, un focus rojo, nada más alcancé a ver los últimos números de la placa. No estoy seguro, voy a pararlo para que sepas y si es positivo, me ayudes”.

Dice que no aceleró mucho el vehículo porque estaba lloviznando y el pavimento estaba mojado, pero lo alcanzó con facilidad. Cuenta que junto con el RT le dio alcance al vehículo sospechoso al mismo tiempo y que le marcaron el alto y se detuvo de manera normal.

Los agentes se dieron cuenta que las placas coincidían con las del reporte de robo y se bajaron de la patrulla con precaución.

“Del focus se bajó primero el conductor, quien hizo contacto con el RT, mientras que yo me paré del otro lado de la patrulla para darle cobertura. ‘Comandante, traigo al patrón, échenme la mano’, alcancé a escuchar que decía el conductor, lo que me pareció muy extraño. Caminé y me paré del lado del acompañante del vehículo. Abrí la puerta y el pasajero se me quedó viendo: ‘Ah canijo, es El Chapo’, pensé”.

Luego inició el diálogo entre El Chapo Guzmán y el agente federal: Comandante, comandante, échenme la mano, dijo Guzmán Loerea. A ver “patrón”, bájese tantito, contestó el federal.

“Lo bajé y lo tomé del hombro. Alcancé a ver que traía una pistola debajo de sus piernas, por lo que rápido lo jalé para conmigo, como abrazándolo para ver si no traía un arma fajada. Lo jalé y empecé a caminar a la parte trasera de mi patrulla. Cuando iba llegando a la puerta le puse rápido las esposas”.

“¿Por qué comandante? ¿Por qué me esposas? ¿Por qué me tratas así?”, dijo El Chapo.

“Espérese, espérese, ahorita vemos”, contestó el agente, al momento que abría la puerta de la patrulla y aventaba a El Chapo hacia adentro.

“Espérese ¿por qué me trata así?”, gritó el líder del Cártel de Sinaloa.

“Cerré la puerta y vi que todavía mi RT interactuaba con quien ese momento supe que era “El Cholo”. Le grité que lo esposara y enseguida lo empujó hacia adelante y le puso las esposas. ‘Es El Cholo y acá traigo a El Chapo’, le grité”.

“Vámonos de aquí, nos van a matar”…

“¿Qué vas a hacer?” me dijo el RT. ‘Vámonos de aquí, nos van a matar’ le contesté, mientras comencé a ver que a lo lejos había un fuerte movimiento de vehículos en la carretera”.

El Chapo dijo al agente: Lléveme a Che Ríos. Ahí está mi gente, ahí nos van a apoyar.

Si, si, ahorita vamos para allá, contestó el federal.

“En mi mente estaba claro que no tenía nada que ir a hacer a un lugar en donde me esperaba una muerte segura. En el primer retorno me di la vuelta en sentido contrario. Nadie sabía que yo llevaba a El Chapo en mi vehículo.

Del otro lado comenzaron a pasar distintos vehículo, mientras yo seguía mi camino en el sentido contrario. Primero pensé en ir a la oficina de Policía Federal, pero eso significaba entrar a la ciudad y un gran riesgo, así que lo descarté. Luego me acordé de la guarnición militar, un lugar a donde a veces íbamos a hacer prácticas de tiro y que estaba sobre la carretera. ‘Ahí es un lugar seguro’, pensé”.

El agente cuenta que pasó el entronque de Los Mochis rumbo a la guarnición, mientras que El Chapo insistía que lo llevaran a Che Ríos.

“Ahorita, ahorita, espérese tantito. Ahorita vemos qué hacemos”, le decía. “Bueno, bueno, está bien, está bien”, me dijo sin ponerse agresivo.

“Cuando iba a medio camino, a lo lejos vi unas camionetas y sentí miedo. Entonces vi un hotel donde a veces comíamos y se me hizo fácil meterme. Sabía que ahí era menos probable que me encontraran. Adentro, comencé a marcar. Para ese momento, el RT ya le había informado al Jefe de Estación que yo traía a El Chapo en mi patrulla”.

“El Tiburón” asegura que nunca tuvo duda en avisarle a sus compañeros y mandos, porque los conocía y tenía confianza en ellos.

Dice que ya en la habitación del hotel se quedó a solas un rato con El Chapo Guzmán y fue entonces que le ofreció dinero.

“Ayúdeme y no va a volver a trabajar. Comandante, dígame qué quiere pero ya écheme la mano. Le ofrezco dos o tres empresas de aquí de Sinaloa; es más, le dejo 50 millones de dólares, para que no vuelva a trabajar nunca en su vida”.

Ahorita, espérese. Ahorita vemos qué hacemos, contestó el federal, quien agregó: “También entiéndame, estoy haciendo mi trabajo. Nadie me dijo que ahí venía usted. Yo soy policía y estoy haciendo mi trabajo”.

Está bien comandante, contestó El Chapo y se quedó callado. Luego agachó la cabeza y no volvió a hablar ni a ofrecer dinero al federal.

¿Tú fuiste, verdad…?

Al poco rato llegó el RT en la otra patrulla con El Cholo y se quedaron en la habitación, con los dos hombres esposados y sentados en la cama. Luego les tomaron una foto, aquella que horas después le dio la vuelta al mundo.

“Me asomé y vi que había personas en la azotea, pero me di cuenta que eran compañeros policías federales que ya estaban dando el apoyo. Luego bajó un helicóptero de Marina y llegó SEDENA. Yo ya estaba más tranquilo por todo el apoyo de las instituciones que había en el lugar.

Dice que posteriormente llegaron integrantes del grupo de operaciones especiales de la Marina, quienes se asomaron a la habitación donde estaba El Chapo, y que uno de esos agentes le dijo:

“¿Tú fuiste verdad?”

No, no, contestó el agente.

“¡Ah cómo no! No sabes lo que acabas de hacer”, dijo el marino, con una cara de satisfacción y emoción.

Sin embargo, horas después el entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto anunciaba con bombo y platillo sobre el éxito del operativo de la Marina y su gabinete de seguridad para capturar al máximo líder del narcotráfico en México, Joaquín El Chapo Guzmán, en la ciudad de Los Mochis.

Resaltó el “trabajo intenso de inteligencia y de investigación criminal” realizado durante meses por las autoridades de seguridad y procuración de justicia.

Antes, Peña Nieto ya había informado a través de Twitter: “Misión cumplida: lo tenemos. Quiero informar a los mexicanos que Joaquín Guzmán Loera ha sido detenido”.

Pero hoy se sabe, que hasta cierto punto la captura del Chapo Guzmán fue fortuita y gracias a un agente federal que resistió un cañonazo de 50 millones de dólares.

Fotos: CONTRALUZ/JUAN CARLOS CRUZ

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